Nina_guarda_silencio

El silencio que suele rodear la terrible realidad de los abusos sexuales a menores provoca que muchas familias se vean envueltas en un mar de dudas: ¿cómo alertar a nuestros hijos ante estas situaciones sin romper su inocencia? ¿Podemos ayudarles a evitar un abuso sexual? ¿Y cómo detectarlo cuando ya ha ocurrido? Los expertos avisan: el mal existe y no podemos proteger a nuestros hijos por completo. Sin embargo, hay estrategias que ayudan a combatirlo.

Por José Antonio Méndez
La dramática proliferación de casos de abusos sexuales a menores, denunciados casi a diario en los medios de comunicación y en un sinfín de contextos diferentes, ha puesto sobre la mesa de las familias una preocupación a la que los padres rara vez saben dar respuesta. La repugnante gravedad de un abuso y sus dolorosas consecuencias, la dificultad de desenmarañar el silencio que envuelve el delito y el temor a romper la inocencia del niño con información precipitada son un cóctel explosivo que provoca, en demasiados casos, la parálisis de los padres y un “efecto avestruz”: esconder la cabeza para huir del problema.
Sin embargo, como explica Mónica González Soriano, psicóloga clínica y especialista en terapia de familia del Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) de la Universidad Francisco de Vitoria, “el mal existe y no podemos evitar por completo que nuestros hijos se encuentren con él. Por eso no podemos ignorar la existencia de esta realidad, porque eso obstaculiza la prevención y la actuación y, como padres, tenemos que ser previsores, prudentes y estar atentos a cualquier indicativo que alerte de que nuestro hijo se encuentra en una situación dañina”. Porque “estar vigilantes y atender a las señales no es caer en la paranoia”, recuerda.
 
Para prevenir
La psicoterapeuta (que trabaja codo a codo con el Instituto Desarrollo y Persona, cuyos materiales sobre abuso sexual del proyecto Aprendamos a Amar se imparten en numerosos colegios de España) aboga por hablar con nuestros hijos sin miedos, pero con sentido común: “No conviene prevenir a los niños del abuso sin antes haber abordado el tema de la sexualidad, porque eso podría propiciar un entendimiento errado del cuerpo y de la sexualidad como algo dañino y nocivo”. Por eso, “es fundamental una educación afectivo-sexual desde el nacimiento, y generar un ambiente familiar de confianza y comunicación, en el que la sexualidad y los afectos no sean un tema tabú”.
menores_se_tapan_la_caraEsa educación desde la niñez constituye la mejor arma contra los abusos, e incluye unas medidas que no conviene pasar por alto. González Soriano enumera varias de ellas:
  • Enseñar que respeto y sumisión no son lo mismo, que pueden decir “no” a los adultos si la propuesta les disgusta o si incluye guardar secretos.
  • Brindar, desde preescolar, información adecuada sobre su cuerpo, aclarando dudas y curiosidades.
  • Enseñar la diferencia entre “secretos buenos” (los que les hacen felices, como “dar una sorpresa a papá”) y “secretos malos” (los que hagan daño) y recordar con frecuencia que nunca debe haber secretos para papá y mamá.
  • Explicar la diferencia entre un gesto de cariño y una caricia de índole sexual.
  • Permitir que el niño no quiera abrazar o besar a alguien. Si le dejamos que nos diga “no” a nosotros mismos, lo llevará fuera de casa. Tampoco hace falta que dé besos cuando no quiera.
  • Educar en la privacidad, respeto y guarda de las partes del cuerpo, suyas y de otras personas; y recordar que, si alguien quiere o trata de tocar su cuerpo, o hace cosas que le hagan sentir mal, diga “no” y lo cuente en casa enseguida.
  • Escuchar activamente, transmitir que en casa se puede contar todo y hablar de las experiencias cotidianas.
Dura realidad
La trágica experiencia de muchas familias demuestra, sin embargo, que la educación afectivo-sexual no siempre es suficiente.  “Aunque son más probables en ambientes de violencia familiar o hacinamiento –recuerda González Soriano–, los abusos sexuales a menores están presentes en todos los ambientes, clases sociales y estratos socioculturales”. También, por tanto, en hogares con una correcta educación afectivo-sexual.
Y aunque cada vez son más los padres que reclaman estrategias concretas para prevenir los abusos, González Soriano recuerda una dura realidad: por desgracia, no es posible hablar de unas  “herramientas eficaces para evitar un abuso”, pues  “el niño que lo sufre no es culpable, ni ha estado en su mano evitarlo: las víctimas no esperan la situación a la que se le somete; no entienden lo que pasa, han sido engañados o amenazados, y si además son pequeños, no pueden entender que esa conducta es inapropiada, la normalizan y de ahí que no lo comuniquen”.
Señales de alerta
Es aquí donde entra la importancia de “estar alerta para detectar cualquier posible peligro al que se enfrenta nuestro hijo”.  Aunque depende de la edad del menor, González Soriano traza algunas señales de alarma:  “Sentimientos de confusión, tristeza, irritabilidad, ansiedad, culpa o impotencia; cambios de conducta, enuresis (volver a hacerse pis), encopresis (dejar de controlar los esfínteres), chuparse el dedo… Cambios llamativos en el rendimiento escolar, alteración de la motricidad y del lenguaje; problemas de sueño, pesadillas, terrores nocturnos; miedo generalizado o a la presencia de ciertas personas o lugares; juegos y conocimientos sexuales que no corresponden a su edad; desórdenes alimenticios, conducta autolesiva o suicida…” .
Crear confianza
En la misma línea, la Unidad del Menor de la Guardia Civil apunta otras señales de alarma, como descubrir “ropa interior rota, manchada o anormalmente sucia; sangre en la vagina o el recto; dolor, picor o inflamación en los genitales; padecimiento de alguna infección vaginal; expresión de algunos aspectos de actividades sexuales mediante dibujos, fantasías o juegos; rechazo con mucha energía a ir a la escuela…”.
Como concluye Mónica González, “aunque nos duela, no podemos evitar por completo que nuestros hijos se encuentren con lo que les puede hacer daño”. Sin embargo, con una correcta educación de los afectos y de la sexualidad podemos crear hogares en los que la comunicación, el respeto, la confianza, el apego y el cariño sean para nuestros hijos “el mejor seguro” contra todo tipo de abuso.
 

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete gratis y recibirás la revista cada tres meses en casa

Dona ahora: ayúdanos con tu donativo para que podamos seguir contando historias como esta