¡Hágase la música!

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Alumno del programa Music Box Learning

El currículo musical de Music Box Learning está haciendo posible que miles de niños “lleven a casa en su mochila escolar un conocimiento musical de calidad, sin necesidad de irse a estudiar música a otro sitio”, explica Cristina del Río, creadora del programa.

Por Isabel Molina Estrada Fotografía: Cortesía  Music Box Learning y Coelgios Juan Pablo II
Cristina del Rio tiene ocho hijos y todos están aprendiendo a tocar un instrumento: piano, violín, chelo, guitarra, flauta travesera, saxofón… Pero la gran motivación de esta arquitecta y pianista no consiste en poder disfrutar de un conjunto musical en casa. Ella sueña con que la música sea accesible para todos los niños de España. Fue así como, en 2012, creó Music Box Learning, que actualmente lleva un currículo musical pionero y de calidad a quince colegios de Madrid, como los colegios Juan Pablo II (Alcorcón y Parla), Stella Maris (la Gavia y College), San Ignacio de Loyola (Torrelodones), Sagrado Corazón (Chamartín y Rosales) o Edith Stein, entre otros.
“En España, la educación musical de nivel solo podía encontrarse en los conservatorios, así que me inventé un programa que se inserta en el currículo de los colegios, de modo que los niños –con independencia de si son supervirtuosos, o no– puedan disfrutar la música desde los 3 años y hasta el final de la etapa escolar”, explica Del Río.
Un proyecto pionero
Music Box Learning ofrece dos programas, con miras a crear una cultura musical en los colegios: el Grado Musical, que incluye formación instrumental, y el programa Aprendiendo con Nota, en el que cada trimestre los niños escuchan y estudian una pieza de música clásica para desarrollar su oído, adquirir cultura general y aprender a distinguir los instrumentos. Luego, en cada trimestre, participan en un concierto pedagógico en el que músicos profesionales interpretan en directo la pieza musical que los niños han estado escuchando. Cada concierto pedagógico va acompañado de una representación teatral, también a cargo de actores profesionales, que cuentan una historia. “Es un guion original desarrollado por nuestros artistas, donde adaptan los personajes a la realidad actual de los niños”. Por ejemplo, en la ópera Carmen, de Bizet, Carmen, la cigarrera, ha llegado a ser una estudiante de la ESO.  “Y los niños disfrutan muchísimo de estos conciertos pues viven la música de manera lúdica”, asegura Del Río.
Aprender un instrumento
La parte pedagógica del Grado Musical está avalada por los Royal Schools of Music, de Londres, una entidad que tiene más de 650.000 alumnos en el mundo. Además de las asignaturas teóricas que se ofrecen desde 1.º de Primaria, hay una inmersión total para los niños desde los 3 años. José María Carrera, director del Centro de Estudios Musicales del Colegio Juan Pablo II, explica que desde Infantil utilizan el violín como instrumento vehicular.  “Esto significa que cada niño aprende cómo funciona un instrumento. No se trata de que todos sean violinistas, porque en Primaria elegirán su instrumento, pero el violín se adapta a las características de su edad: les permite escuchar la música de cerca, captar las vibraciones y, como existen violines de distintos tamaños, se va adaptando a su crecimiento”.
El Grado Musical también supone la posibilidad de tocar en pequeñas orquestas. “Los colegios se están llenando de niños que tocan instrumentos y hacemos luego orquestas. La música ya no es algo que haces fuera del colegio, sino que la compartes con tus compañeros”, añade Del Río.
La música ejercita la misma área del cerebro que trabajo con los demás lenguajes incluido el lenguaje matemático
Incontables beneficios
Además de las ventajas que supone gozar de la música, Carrera comenta que “todo el mundo sabe que la música es buena para los niños y para el aprendizaje. Sin embargo, pocos saben cómo y por qué”. Una de las respuestas es porque la música “ejercita la misma área del cerebro que trabaja con los demás lenguajes: el matemático, la lengua materna y las lenguas extranjeras”. Esto significa que un niño que estudia música está desarrollando la misma área del cerebro que le permite ejercitar el cálculo matemático o aprender el inglés.
Por otra parte, con la música se “trabaja toda la persona: desde la parte sensitiva, pasando por la emocional –les permite expresar sentimientos y emociones– hasta llegar a la trascendente: pueden aproximarse a la Verdad mediante la experiencia de la Belleza, pues la música es una belleza objetiva”, explica Carrera. Cristina del Río añade que la música ayuda a los niños a cultivar virtudes como la paciencia y la capacidad de trabajo a largo plazo, en una sociedad donde están acostumbrados a conseguirlo todo con dar un clic. Y, por otra parte, cada niño trabaja aquello que más necesita: “El que tiene déficit de atención, ejercita su atención; el tímido gana en seguridad…”.
Al final, la música deja en ellos una impronta cultural: “Mientras van aprendiendo Música, desarrollan el gusto por la cultura. Por eso, a lo mejor no somos una fábrica de músicos, pero sí somos una fábrica de público: un niño que conoce las claves de la música sinfónica aprenderá a disfrutar de un concierto de música clásica”, asegura Carrera.
Elige tu instrumento y… persevera
Alumnos de Infantil del colegio Juan Pablo II
Alumnos de Infantil del colegio Juan Pablo II
Anita Collins, experta en desarrollo cerebral y aprendizaje musical, explica que los avances en neuroimagen han demostrado que escuchar música pone a bailar el cerebro y activa tres áreas cerebrales a la vez (la corteza motora, la visual y la auditiva), a diferencia de actividades como leer o resolver problemas matemáticos, que activan solo un área. Y por si fuera poco, cuando un músico toca su instrumento, esa actividad cerebral se multiplica: las conexiones neuronales se crean más rápido y en patrones más creativos. Por eso, para obtener todos los beneficios de la música en la educación conviene que los niños reciban una iniciación musical “cuanto antes mejor”, explica el músico y creador de Musical Thinkers, Pedro Alfaro: exponerlos a diferentes piezas musicales, ponerlos a bailar y cantar con ellos: “Cantar desarrolla el oído interno, esa capacidad para escuchar en tu cabeza la melodía que quieres tocar con tu instrumento”. Entre los 5 y los 8 años, Alfaro recomienda ayudarles a elegir su instrumento: “Puedes preguntar a tu hijo: ‘¿Qué instrumento te gustaría aprender?’. En la medida en que es su decisión, la hará suya y, una vez que elija, se comprometerá”. Piano, violín, viola, chelo, contrabajo, clarinete, oboe, trompeta, saxofón, guitarra, instrumentos de percusión… Hay muchos instrumentos entre los que elegir. Y elija el que elija, Alfaro advierte de que no hay que obsesionarse: “La educación musical no es para crear genios. Es un espacio de crecimiento personal”. Eso sí, es clave que los padres ayuden a su hijo a “perseverar en ese instrumento”. Y así lo confirma José María Carrera: “Yo les digo a los padres que esto no es como el balonmano, que el año que viene si no quiere seguir, no sigue. Es un proyecto pedagógico a largo plazo, y si el niño dice: ‘Papá, no quiero’, tienes que decirle: “Tú sí quieres, porque, aunque no quisieras las matemáticas, las estudias; pues el instrumento también”. “Es difícil, pero cuando les obligas a seguir, hay un momento en que rompen el nivel y empiezan a tocar a Boccherini, y entonces ya no se les cae el violín de las manos ni la sonrisa de la boca”, añade el director del Centro de Estudios Musicales Juan Pablo II.
 

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