Más de 10.000.000 de personas están presas en 22.000 cárceles en todo el mundo, una población a la que la Confraternidad Carcelaria Internacional (Prison Fellowship International) quiere anunciar que la verdadera libertad está en el perdón.
Esta organización no gubernamental reúne a católicos, evangélicos y ortodoxos, y está presente en más de 125 países en todo el mundo.

«Jesús de Nazaret estuvo prisionero el último día que pasó en la Tierra. Gracias a este pasaje evangélico cientos de encarcelados están conociendo la alegría de la libertad que da el cristianismo gracias a la Confraternidad Carcelaria, presente en España desde hace ya 25 años»

Por Margarita García

Más de 10.000.000 de personas están presas en 22.000 cárceles en todo el mundo, una población a la que la Confraternidad Carcelaria Internacional (Prison Fellowship International) quiere anunciar que la verdadera libertad está en el perdón.
Esta organización no gubernamental reúne a católicos, evangélicos y ortodoxos, y está presente en más de 125 países en todo el mundo. Fue fundada en 1976 por Charles Colson, un exfuncionario de la Casa Blanca que cumplió condena por un crimen relacionado con el caso Watergate. De prisión salió convencido de que no iba a servir nunca a “dos señores” y de que la auténtica reinserción es la que incluye la renovación espiritual, a través del encuentro con Cristo.
A España llegó CONCAES (Confraternidad Carcelaria de España) de la mano de Carmen Rubio, que a través de la Renovación Carismática se involucró en este proyecto de evangelización en las prisiones. “Empecé visitando a los presos que venían al hospital penitenciario de Madrid, y allí orábamos por y con ellos. Pusimos en marcha los seminarios de vida en el espíritu propios de la Renovación Carismática y de allí surgió la idea de formar parte de la Confraternidad Internacional, a la que nos asociamos en 1990”. De esto hace ya 25 años. Desde entonces, son muchas las conversiones de las que Carmen ha sido testigo.
Recuerda que en una de aquellas visitas a la cárcel invitó a un preso a rezar con ella y él, burlándose, le respondió: “¿Acaso usted no sabe con quién está hablando?” Carmen, que dice no ver el pecado cometido sino al pecador, le contestó: “Tú eres mi hermano, hijo de Dios, como yo”. El preso, asombrado, le espetó: “¡Soy el carnicero de Ventas! ¿Cómo voy a ser hijo de Dios?”. Y fue comenzar a rezar el padrenuestro y “salir el niño de dentro: comenzó a llorar y a llorar” . “Entonces –añade Carmen– te das cuenta de que quien mata lleva dentro una fuerza satánica, porque el pecado ciega, en cambio Dios ama por encima de todo”. Con esta frescura, y sin ningún prejuicio, predicaba también sor Mari Luz, “Sor Tripi”, hermana de la Caridad, con quien Carmen empezó su aventura. “Les daba mucho cariño a los reclusos” , recuerda Carmen al hablar de esta religiosa que falleció el año pasado: “Los presos le pusieron este nombre porque parecía estar ‘colocada’ cuando alababa a Dios y predicaba su amor a gritos en el patio de la cárcel”.
Peregrinación del prisionero
Uno de los proyectos que CONCAES tiene en marcha es La Peregrinación del Prisionero (LPP), un viaje para conocer a un compañero encarcelado: Jesús de Nazaret, quien estuvo preso las últimas horas de su vida en la Tierra. A través del evangelio de san Marcos, se les muestra a los presos que Jesús, al igual que ellos, también sintió soledad, temor y abandono. Este curso de ocho sesiones sobre el cristianismo gira en torno a las preguntas: ¿Quién es Jesús? ¿Por qué vino a la Tierra? y ¿Qué significa seguirlo? Esta campaña, llevada a cabo por voluntarios capacitados, va a comenzar en España en las cárceles de Estremera y Navalcarnero. Su objetivo es lograr llegar al 4 por ciento de la población reclusa española, es decir, a 2.500 presos. Isabel –nombre ficticio para preservar su identidad– pasó tres años en una cárcel española por un delito por tráfico de drogas. “Tenía un hijo y quería sacarlo adelante, así que en el momento en que me ofrecieron llevar un paquete de droga a cambio de 250.000 pesetas, ni lo pensé, pero al llegar al aeropuerto, nos cogieron. Me cayeron ocho años, de los que cumplí íntegros tres” . En ese tiempo, Isabel vivió el abandono total de su familia, pero encontró en Cristo la esperanza, gracias al capellán y a la pastoral penitenciaria de entonces. Isabel, que en la actualidad es monja contemplativa, echa la vista atrás y recuerda su paso por la prisión como un tiempo horrible, pero maravilloso a la vez: “Allí tuve mi primera experiencia del Dios real que me decía ‘soy el pañuelo que recoge tus lágrimas. Ten fe’” .
Tras la salida de la cárcel no se vive un proceso fácil. Eduardo Cozar, director de CONCAES, señala que el problema de la reinserción está en el entorno al que vuelves y, en el caso de Isabel, al verse sola y desubicada, cayó en las drogas. Afortunadamente, pronto conoció a Carmen Rubio y la Confraternidad, que trabaja también por conseguir una auténtica reinserción de los expresidiarios, y fue entonces cuando cambió de vida de forma radical: “Cambié la discoteca por la Cristoteca, el templo en el que todos los viernes hacíamos adoración al Santísimo” . El perdón devuelve la libertad Carmen cuenta el caso de una madre cuya hija había sido violada y asesinada el mismo día que cumplió 15 años. “La madre estaba llena de odio –relata Carmen–, y es que, en todo delito, tanto el delincuente como el agredido son víctimas, porque el que vive en la cárcel del odio está más en la cárcel que quien está cumpliendo la condena” . Esta mujer conoció, gracias a Confraternidad Carcelaria, el proyecto Árbol Sicómoro, basado en el pasaje evangélico de Zaqueo que, sintiéndose amado por Jesús, repara todo el daño que había hecho hasta el momento. Esta alternativa a la justicia penal actual se denomina “justicia restaurativa” y va mucho más allá de reparar el daño material. “Consiste –explica Eduardo– en introducir a la víctima en el proceso de justicia. Se le escucha y se le ayuda a que pase página, a que entienda los porqués y, en última instancia, a que pueda perdonar. Esto fue lo que ocurrió con esta madre que, tras un proceso de reconciliación acompañado por la Confraternidad Carcelaria de su país, visitó al asesino de su hija, lo perdonó, lo abrazó y, cuando salió de la cárcel, ella misma le abrió las puertas de su casa.
Este proyecto, Árbol Sicómoro, es lo que ha dado origen a Building Bridges (Construir Puentes) un nuevo proyecto que CONCAES está desarrollando. Ana Escalona, su directora, explica que se trata de adaptar esta iniciativa a presos de todas las culturas y de distintas religiones, pero “siguiendo la misma idea del perdón que libera y les hace sentir mejor” .
APOYOS JUSTICIA RESTAURATIVA Teresa Gil, Para apuntarse como voluntario o donar: www.concaes.com

 

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