Una vida eterna

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Quiero agradeceros la labor que hacéis con vuestra revista para proteger la vida en estos tiempos en que, desgraciadamente, el aborto está a la orden del día, y contaros que en noviembre del 2014, tuve a mi primer hijo, Pepito. A las 16 semanas de gestación, le diagnosticaron anencefalia. Nació en la semana 42 y vivió 9 maravillosas horas. Gracias al blog de un amigo  y al ambiente en el que lo vivimos, se difundió su historia. Pepito fue, y es, una vida más, como la de cualquier bebé que nace para irse directo junto a Dios. Fue una vida llena de amor, que vino con una misión a la Tierra: dar testimonio provida, para removernos el alma y demostrarnos lo que es realmente importante. En definitiva, una vida cortita en la Tierra, pero eterna en el Cielo.
E. Serrano