La revista más leída por las familias católicas de España

Enrique García-Máiquez

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Verdad sobre la risa falsa

Jordan B. Peterson insiste en su libro 12 Rules for Life (Random House, 2018) en que hay que contar pronto y con palabras precisas lo que nos moleste un poco. Más que en ningún sitio en el matrimonio, donde nos jugamos nuestra felicidad. Si hay algo que te choca o irrita, mucho mejor que mirar para otro lado (mientras lo chocante, la irritación y, por tanto, el problema aumentan), mucho mejor, es arrostrar el mal rato de confesarlo. El famoso psicólogo clínico y profesor universitario canadiense no deja, en inglés y con muy amenas anécdotas, de glosar el viejo refrán castellano: “Más vale una vez colorado que ciento amarillo”.

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¿Remedios? No ¡Re-medios!, por Enrique García-Máiquez

La noticia es escandalosa. Han retirado un libro de texto porque decía que dos métodos infalibles para prevenir las enfermedades de transmisión sexual son la abstinencia y la fidelidad. Escandalosa de ida, porque han retirado el libro por el escándalo que les produce esa afirmación; y escandalosa de vuelta, porque esa afirmación es verdadera, científica y prácticamente palpable. El escándalo de vuelta, que es el mío, se trifurca.

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A la orden del día

Leo en el rincón del café y oigo, quiera o no, la conversación del público habitual. Un señor se lamenta de la conducta moral de una hija suya con gran resignación ante la escucha respetuosa y a la vez indiferente del resto. Junto al amor de madre (“Amor de madre, que lo demás es aire”), el amor de padre también tiene su solidez, y el buen hombre justifica a su hija con el argumento de que su comportamiento, que ya ha dicho que no le gusta nada, está “a la orden del día”, y qué le vamos a hacer entonces.

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Don Quijote: La razón de la sinrazón, por Enrique García-Máiquez

Decíamos ayer (en el número anterior) que el secreto de la vida era encontrarle el sentido. Don Quijote, de cuyo autor, como de Shakespeare, conmemoramos este año el 400 aniversario de su muerte, se decidió a dárselo él mismo. Para dejarlo claro, se vistió de caballero andante, cambió su nombre (y el de su caballo) y buscóse una enamorada. Frisaba la cincuentena, para indicarnos que nunca es tarde. Su creador, Miguel de Cervantes, tampoco era manco (al menos, metafóricamente) e hizo lo propio: tenía su edad (cincuenta y ocho años) cuando dio con el personaje que daría sentido a su biografía.

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