Por Mar Solís / Focus Life
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
La Iglesia ha anunciado que en 2025 será canonizado el beato Pier Giorgio Frassati (1901-1925), quien en tan solo 24 años de vida combinó magistralmente su pasión por el deporte y su entrega a la oración y el sacrificio. En su beatificación, en 1990, san Juan Pablo II lo definió como “el hombre de las ocho bienaventuranzas”. Aunque provenía de una familia acomodada, este joven italiano mostró siempre un gran amor y compasión por los pobres y enfermos, y destacó por mantener un corazón puro y centrado en Dios. Es un gran modelo de virtud heroica.
1. Anhelo de santidad
Pertenecía a una importante familia de Turín, Italia, aunque nada religiosa. Su padre era el fundador del diario La Stampa, pero Pier Giorgio no se conformó con vivir la vida que sus padres tenían ya pensada para él. Descubrió a Cristo en los pobres y los enfermos, y pronto supo que Dios era su respuesta: “Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad, no es vivir, sino ir tirando…”, afirmaba.
2. Aventurero de altura
El beato Pier Giorgio es el vivo ejemplo de que se puede gozar profundamente la vida y a la vez aspirar a las cotas más altas, es decir, a estar muy íntimamente unido a Dios. Le encantaba realizar planes con sus amigos, especialmente practicar el alpinismo. “Verso l’alto” (“Hacia lo alto”) es la expresión que definió todos los aspectos de su vida, pues vivió mirando al Cielo.
3. Mérito en el sufrimiento
Falleció de una poliomielitis fulminante, enfermedad que se cree que contrajo de los enfermos a los que solía atender. A pesar de las dificultades y los padecimientos que soportó –tuvo una muerte muy dolorosa–, abrazó la cruz y encontró sentido a su vida en el sufrimiento redentor de Cristo.
4. La Eucaristía, cumbre de la fe
El beato Pier Giorgio sacaba su fuerza diaria de la Eucaristía e impulsaba a otros a asistir a Misa. Se sentía un gran deudor de Dios, e infinitamente necesitado de los sacramentos para tener ese “corazón grande” en el que cupiesen muchísimas personas. Su profunda devoción a Jesús Eucaristía impregnó su rutina diaria y era la base de su entrega a los pobres y a los enfermos.
5. Honra a la Santísima Virgen
Su perfección espiritual se afianzó también en su gran devoción a la Virgen María. El Rosario era su compañero constante. Lo llevaba siempre en su mano o en su bolsillo, disponible para entonarlo en cualquier momento y lugar. Además de tener esta devoción hondamente arraigada en su vida diaria, fue un apóstol del Rosario: continuamente invitaba a otras personas a rezarlo con él.





