La revista más leída por las familias católicas de España

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«Perrhijos», menos niños y más mascotas: una cultura de la sustitución

Ya hay más perros que niños en España. Es más, muchos de estos animales ya no ocupan para sus dueños el rol de mascota, sino el de hijo. Se está produciendo una sustitución. Es una tendencia creciente que permite sospechar el declive de la civilización

Por Javier Lozano

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

En España se está produciendo un doble fenómeno directamente relacionado. Nunca han nacido tan pocos niños y, a la vez, se da un auténtico boom de mascotas. Nunca se habían visto tal cantidad de canes en las calles. Los últimos datos oficiales no dejan lugar a dudas. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2021 había ya en España más perros (9,2 millones) que niños menores de 14 años (6,6 millones), y la tendencia sigue al alza. 

Este fenómeno no es del todo nuevo. Ya en el siglo II, Plutarco relataba en las biografías de sus Vidas Paralelas un suceso de lo más llamativo. “Viendo César en Roma ciertos ricos que se complacían en tomar y llevar en brazos perritos y monitos pequeños, les preguntó si sus mujeres no parían niños”, escribía este autor clásico.  Y de este modo contaba cómo el hombre más poderoso de su tiempo reprendía de una manera “verdaderamente imperatoria” a aquellos a los que “la inclinación natural que hay en nosotros al amor y al afecto familiar, debiéndose sólo a los hombres, la trasladan a las bestias”. No suena tan lejano pese a que hayan transcurrido casi dos mil años. Y la comparativa no augura nada bueno. El filósofo marxista Santiago Alba alertaba en un artículo que “lo que caracteriza el fin de una civilización es precisamente la confusión entre los hombres y los animales. Un exceso de civilización –el ideal de tratar a los animales como si fueran hombres– suele preceder y anunciar un exceso de barbarie: la práctica de tratar a los hombres como si fuesen animales”. 

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, explica a Misión que “la España actual ha dimitido de la reproducción” y que las causas de este desplome no son económicas, sino “morales y culturales”. Recuerda que el hundimiento de la tasa de natalidad va a la par con la de nupcialidad. Y ambas están en crisis.

Un hueco por llenar

“La gente no quiere compromisos definitivos: ni conyugales, ni paterno-filiales. El hueco afectivo que dejan los hijos no engendrados se intenta llenar con mascotas. Es triste e inquietante, pues esto nos habla de una sociedad que va hacia la extinción voluntaria”, añade el autor de Contra el totalitarismo blando (Libros Libres, 2022). 

Más llamativo incluso que la cantidad de perros que se ven por las calles es el trato que reciben. Los animales de compañía han estado junto a los seres humanos desde hace miles de años. Sin embargo, en este último tiempo se les está “humanizando”, hasta el punto de ser tratados como si fueran hijos. Se les llama “perrhijos”, un fenómeno social, económico y también político. Es ya habitual ver a perros ataviados con ropa “humana”, paseados en carritos, que entran en parques infantiles, montan en los columpios o que festejan sus cumpleaños. Estas mascotas han venido, en bastantes casos, a sustituir a hijos que no nacerán, pues son tratados como vástagos.

La era del individuo-rey

El profesor Contreras considera que el origen de esta situación se debe al espíritu de Mayo del 68.  “Las viejas normas de moral sexual y la idea clásica de familia fueron rechazadas como opresivas. Así se inauguró la era del individuo-rey, que quiere que todos sus deseos se conviertan en derechos. Y las nuevas generaciones han sido educadas en estos nuevos valores de ultraindividualismo, feminismo (que tanto daño hace enfrentando al hombre y la mujer) y liberación infinita”, añade.

Las consecuencias son una falta de responsabilidad social y una vida hedonista en la que los niños no tienen cabida. Pero ese deseo innato en el ser humano no puede ser enterrado totalmente, aunque sí lo suficiente para que se llene de manera incompleta y errónea. Así es como las mascotas son sustitutos en los que volcar ese afecto insatisfecho, pero sin la necesidad de entrega total que supone darse a una persona.

Mientras se amplían y reconocen legalmente supuestos derechos a los animales, derechos como el de la vida van en retroceso. Contreras denuncia que en España hay “100.000 niños abortados al año. Hay récord negativo de nacimientos. Nacen hoy la mitad de niños, en proporción a la población, que en plena Guerra Civil. Bajo las bombas y la represión, también bajo la penuria de la posguerra, nuestros ancestros engendraron el doble de niños que nosotros. Cuanto más se desprecia al humano por nacer, más se humaniza a los animales, convertidos en triste sucedáneo”.

“Cuanto más se desprecia al humano por nacer más se humaniza a los animales”

Alertar del drama futuro

Frente a este panorama, el catedrático anima a hablar con claridad sobre un “desastre personal y social” que dejará en muchas personas “infelicidad” y una gran “soledad” en el futuro.  “Muchos callan por miedo a ofender a los que practican ese estilo de vida, pero ese temor nos mata como sociedad. No se trata de juzgar a nadie, pues muchos son víctimas involuntarias de los valores antifamiliares ambientales, pero sí de advertir del desastre moral, humano y demográfico que viene”, añade. Por último, Contreras insiste a los jóvenes de que están a tiempo de cimentar su vida en valores sólidos. “Dejemos de externalizar la responsabilidad. Tenemos el timón de nuestras vidas. Mejor cásate y forma una familia. Hazlo ya. No esperes a tener una situación ideal (cónyuge perfecto, salario generoso, vivienda de ensueño…) que nunca va a llegar”, concluye.

El Lugar de la mascota en la familia
Los animales han sido fieles compañeros del ser humano, pero teniendo siempre cada uno su lugar. Esa línea es hoy “borrosa”. En su Magisterio, la Iglesia Católica deja clara esta posición. Ni maltrato a los animales, ni humanización de las mascotas. El Catecismo explica que “los animales son criaturas de Dios” y que los hombres “les deben aprecio”. Pone como ejemplo la delicadeza que santos como Francisco de Asís o Felipe Neri mostraron a estas criaturas. Por ello, recuerda que “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y hacer sacrificar sin necesidad sus vidas”. Pero el Catecismo se adelantaba al fenómeno que hoy se vive: “Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales, pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos”.

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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