P. Rafael Vignaroli, L. C.: “La Legión de Cristo es donde Dios me llamó”

El padre Rafael Vignaroli, L.C., quien se ordenó el pasado mes de mayo, explica a Misión por qué merece la pena este carisma sacerdotal y cómo el mundo lo tentó, pero perseveró confiado para no abandonar la llamada de Dios que sintió desde niño.

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por Marta Peñalver / Fotografía: cortesía Legionarios de Cristo y Javier Ugarte

Nació en Argentina hace 31 años, es el sexto de 10 hermanos y como cualquier joven de su edad, el padre Rafael podría haberse dedicado a estudiar, a viajar, a labrarse un buen futuro y a formar una familia, pero no, es sacerdote legionario de Cristo. Aunque pensándolo bien, podemos decir que todo eso se ha cumplido: ha estudiado dos carreras, ha vivido en cinco países distintos, tiene trabajo (¡y tanto!) con los chavales del colegio Highlands el Encinar en Madrid y vive con su comunidad de legionarios, ¡que es su familia!

¿Siempre supo que quería ser sacerdote?

Desde niño tenía una sensibilidad espiritual muy fuerte, pero el proceso fue gradual. Mis padres eran cercanos a otras realidades de la Iglesia, pero cuando conocieron la Legión se enamoraron del Regnum Christi. Entonces comenzamos a ir a una Apostólica (algo parecido a un seminario menor) que el movimiento tenía en Córdoba (Argentina). Me llamó la atención el estilo de vida de los niños: rezaban, hacían deporte… Comencé a estudiar allí y fui madurando la vocación. A los 16 años me fui a Brasil a hacer el noviciado.

¿Por qué decidió en concreto hacerse sacerdote legionario?

Porque la espiritualidad de la Legión fue lo primero que conocí. Fue aquí donde Dios me llamó. 

Los legionarios dan una formación exigente… ¿ha merecido la pena? 

Desde luego que sí. Los legionarios estudiamos Filosofía y Teología, y en medio hacemos un parón. Durante ese tiempo yo estuve de prácticas en el Colegio Highlands el Encinar. La formación larga me sirvió muchísimo. Me ayudó a ir asentando la vocación. Cuando empecé no veía la hora de ser sacerdote y cuando estaba llegando al final pensaba que no me vendrían mal dos o tres años más de formación… (ríe). 

«La formación larga me sirvió para asentar mi vocación»

¿Qué tal su experiencia en el colegio?

La experiencia en el Highlands fue espectacular. Llevaba mucho tiempo en el seminario y estaba deseando salir a trabajar. Estuve acompañando a familias, haciendo excursiones, retiros, catequesis… Eso me permitió anticipar lo que sería el trabajo sacerdotal y me ayudó a entender para qué me estaba preparando. 

Y luego de vuelta a Roma, a estudiar en el Regina Apostolorum, un seminario situado en pleno campus universitario. ¿Tuvo dudas sobre su vocación por el hecho de estar entre jóvenes universitarios “normales”? 

Había muchas facultades juntas y tuve varios momentos de duda, claro. Hay dos tipos de llamada a la vocación: una en la que la gente vive una vida y de repente Dios la llama y deja su novia, sus estudios, su trabajo… Y está la mía, cuando la vocación viene desde pequeño. Yo entré con 16 años y, luego, poco a poco fui viendo que había otras opciones… Pero aquí estoy. Esta es la llamada que recibí y acogí.

El padre Rafael el día de su ordenación sacerdotal, el 7 de mayo de 2022.
Un chico joven como usted vestido de sacerdote llama la atención. ¿Ha tenido alguna experiencia peculiar por el hecho de ser sacerdote?

En EE. UU., cuando era seminarista, un hombre me paró por la calle y me echó en cara los abusos sexuales en la Iglesia… Fue duro. Pero también hay muchísimos encuentros muy bonitos: personas que piden confesión o que se alegran de que vueles en su mismo avión porque les da tranquilidad dicen…  O detalles como un día que estábamos haciendo la compra y nos dimos cuenta en la cinta de que no nos alcanzaba el dinero. Una señora lo notó, nos pagó la cuenta y nos pidió que simplemente rezáramos por ella porque estaba enferma. 

Los legionarios de Cristo viven en comunidad, ¿qué tal lo lleva?

Me ayuda mucho y me mantiene en regla. Si llego todos los días tarde y veo que el resto no lo hacen, sé que estoy haciendo mal… También me ayuda ver que siempre hay un padre rezando en la capilla, porque me invita a rezar. Además, me permite tener una relación cercana con otros sacerdotes,  pedirles consejo, tomarlos como ejemplo…

Ahora de nuevo está destinado en el colegio, ¿qué tal le resulta el trabajo con adolescentes? 

Tuve la suerte de que durante mis años de estudio siempre me tocó trabajar con adolescentes. Los chicos necesitan una figura más cercana y aunque a veces es un poco más peleonero, me da mucha satisfacción Es increíble cuando los niños que has tenido te buscan como un referente para pedirte consejo, o para contarte algo que les preocupa… Yo dirijo el ECYD [un apostolado para adolescentes del Regnum Christi] y a través de los niños voy conociendo a sus familias. Intento entrar en las familias a través de los niños. 

¿Qué aporta un sacerdote a la vida de un colegio?

Si el sacerdote no se mueve, nada. Hay que darse a conocer, mantener el contacto con las familias… porque la familia que busca a Dios lo encuentran, pero hay familias que quizá no lo buscan y en esas familias es donde está el reto: hay que ir a su encuentro. ¡Y para eso hay que moverse!

Para terminar, ¿ha habido algo que le haya ayudado especialmente en sus años de formación?

Podría añadir muchísimo, pero diría que tiene mucho poder que la gente te anime. Al final eres sacerdote porque recibiste una llamada de Dios, pero también es verdad que somos humanos y si la gente te pide oraciones, te anima, te hace ver que tu oración tiene su fruto… te ayuda a alimentar tu propia vocación. 

¡Venga tu reino!
Es el lema de los legionarios de Cristo y expresa el anhelo de que Él reine en el corazón de los hombres, de las familias y de la sociedad. “Nuestra misión es transmitir el amor de Dios a los hombres para que lo acepten y se conviertan en apóstoles que prediquen el Evangelio allá donde estén”.

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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