Por Carmen Seara
Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
“Al principio Dios quiso poner un belén y creó el universo para adornar la cuna. Y luego Dios hizo una pausa y pensó dónde poner su belén. Y decidió que en Belén”. Así comienza el bellísimo libro El Belén que puso Dios (Palabra, 2006), del sacerdote Enrique Monasterio, el cual nos pone en sintonía con la ya centenaria tradición de poner el nacimiento. Y precisamente en 2023 se conmemoran 800 años del origen de esta bella tradición. En 1223 san Francisco de Asís quiso celebrar la Misa de Víspera de Navidad fuera de una iglesia y decidió hacerlo al estilo de como pudo haber sido realmente el nacimiento de Jesús. En una cueva colocó un comedero y al lado un asno y un buey vivos. Las figuras del belén fueron llegando después, con el paso de los años.
Los belenes representan “gráficamente” lo que ocurrió cuando llegó Jesús al mundo y nos ayudan a contemplar y meditar la escena.
El pesebre es una expresión de la espera en Dios, de que Dios se acerca. Javier Lorenzo, director del musical La Noche del 24, afirma que este belén no debería faltar en los hogares junto a las luces, los adornos o el árbol. “Que no sea un mueble más. Que junto a él se canten villancicos, se rece, que no se ponga al Niño hasta la noche del 24, o se vaya acercando a los Reyes al Portal según se acerca el 6 de enero…”, añade.
San José
San José, según el Papa Francisco, es esencial en la vida de Jesús y de María: “Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia”. En su infructuosa búsqueda de alojamiento para que nazca el Hijo de Dios, acondiciona un humilde establo para su nacimiento. Él representa la confianza y la fortaleza para los que esperan con paciencia.
El Niño
El Emmanuel, el Dios con nosotros, es un bebé pobre, indefenso, pero bien cuidado. “Hacemos de nuestros belenes algo hermoso, pero el pesebre tendría mal olor y la paja sería incómoda…”, explica Betty Rivera, directora territorial de las Consagradas del Regnum Christi en España. Esta precariedad esconde un poder que crea y transforma. Hagámonos nosotros como esa paja que sí supo acoger a Cristo.
La Virgen
“La llena de Gracia” se adapta sin dilación a los planes de Dios, colmados desde el principio de aparentes inconvenientes e incomodidades. La vemos en el pesebre meditando todo en su corazón. “¿Cómo esperaría la Virgen María a su niño Jesús? ¿Qué le cantaría? ¿Qué le diría? ¿Cómo repasaría las palabras que le dijo a Ella el ángel?…”, se pregunta Betty
La mula y el buey
Son los verdaderos anfitriones de aquel inhóspito lugar, aunque no están descritos en los Evangelios. Revelan el cumplimiento de las profecías en Cristo: “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no entiende!” (Isaías 1, 3-4).
Los ángeles
Se aparecen a los pastores para anunciar la alegría del nacimiento del Señor. Su gozo se convierte en canto y alabanza por la “paz” que trae Dios, que no borra los conflictos, pero sí da la salvación plena a los hombres.
Los pastores
Estos representantes del pueblo judío reciben de noche el anuncio del ángel, el canto del gloria. “Con sencillez –considera Betty Rivera– se dejan sorprender porque son humildes”. Y se ponen en camino en busca de “un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Regresan a sus quehaceres felices y glorificando a Dios por “lo que han visto y oído”.
Los Reyes
Estos sabios venidos de lejanas tierras son símbolo del resto de la humanidad que reconoce al Niño Dios. Los Magos “adoran a un rey que no tiene apariencias de serlo –puntualiza Betty Rivera– y le otorgan presentes: oro para el Rey, incienso para el Dios y mirra para el Hombre, presagio de su muerte”.
La estrella
Esta potente señal luminosa apareció en el cielo y guio a los magos hacia el lugar exacto donde encontrarían al Mesías. Enrique Monasterio cuenta que la estrella no sólo vio lo que muchos profetas habían querido ver, sino que fue “el farol del Portal que alumbró a los pastores y su larga cola de luz bailó en el Cielo con el primer villancico de los ángeles”.
5 ideas para poner el belén
1. Elige un sitio apropiado. Tanto si tu belén es grande como pequeño, intenta ubicarlo de modo que se convierta en el foco de atención en la familia.
2. Tarea de todos. Reserva un rato en familia para poner el belén y que todos participen a su manera y ayuden a mover muebles, colocar figuras, instalar las luces…
3. Pon lo de siempre con otro toque. Reutiliza lo que tienes y, si lo ves necesario, a eso mismo puedes darle un aire artesano aprovechando materiales cotidianos como telas, cintas, cartones, papel de aluminio, tierra o piedras.
4. Conviértelo en lugar de oración. Que no sea un adorno más de la época navideña, sino una oportunidad para contemplar las escenas, rezar y meditar en familia.
5. Aprovecha la ocasión para instruir. Es un momento oportuno para contar historias de la Biblia y explicar el significado de cada figura.
Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





