La revista más leída por las familias católicas de España

asombro

Cómo revivir la capacidad de asombro

Hoy los niños, al igual que los adultos, parecen estar de vuelta de todo. Sólo dos cosas pueden revivir la capacidad de asombro: los propios niños y los cuentos de hadas.

Por Miguel Sanmartín Fenollera

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Aquello que ha permitido al hombre abrirse al elemento maravilloso del mundo para experimentar el asombro –que es el inicio de la sabiduría–, apasionarse por la vida, y encontrarla digna de ser vivida, es la humildad de sentirse criatura. Esta gran lección es legendaria y antigua. Los filósofos clásicos la proclamaron a viva voz y, aun antes, fue anunciada en Proverbios 1, 7. Hablo del asombro de lo cotidiano que cantaba Chesterton, de la sensación de lo sublime de la que escribió Edmund Burke, y del sentimiento de lo sagrado sobre el que reflexionó Rudolf Otto. De una poderosa pasión, de una especie de temor y temblor, de una confrontación, a veces perturbadora pero siempre pasmosa, con el misterio de las cosas.

Pero hoy, en nuestro orgulloso mundo, deslumbrante de bytes, realidades virtuales e inteligencia artificial, esta gran lección está olvidada. Descreídos, ya nada nos asombra o maravilla. El cinismo y la desidia se han adueñado de nuestras almas. Y ha sucedido casi sin que nos hayamos dado cuenta. Sólo cuando observamos a los niños, la vaga incomodidad de que algo no va bien nos alerta. Y es que ellos tampoco se asombran o maravillan. Parecen estar, como nosotros, de vuelta de todo.

Los niños y los cuentos

Sin embargo, hay esperanza. Dos cosas pueden salvarnos. Dos. Los propios niños y los cuentos de hadas. Y las dos caminan juntas. Porque una de las cosas que nos puede ofrecer la literatura y la poesía es ayudarnos (y con nosotros, a nuestros hijos) a recuperar ese ausente y perdido sentido del asombro, y con él, asociado irremediablemente, un también extraviado sentido del agradecimiento.   

Ambas cosas, asombro y agradecimiento, son esenciales para la adoración. Pero, en nuestro tiempo, incluso la gran mayoría de los hombres que se estiman religiosos desconocen esa trascendental ausencia en sus vidas.

Chesterton lo intuyó.  Y trató de propagar la noticia. En su imprescindible Ortodoxia, en la primera parte del capítulo iv, titulado La ética en el país de las hadas, el autor inglés se extiende sobre ello. 

También el cardenal Newman consideró seriamente esta cuestión en su obra Idea de la Universidad. Para él, un vehículo muy adecuado para la educación es la sobrecogedora emoción de lo maravilloso, puesto que  “la certeza no se alcanza por medio de la facultad de razonar, sino gracias a la imaginación”, una imaginación que pone en marcha el asombro.

El sentido de lo maravilloso

¿Y dónde podemos encontrar ese asombro perdido? En las obras de los Grimm, Andersen, Tolkien, Lewis y otros. La mhytopoeia que magistralmente trazan con sus plumas hace posible pensar, no sólo en los mundos imaginados por el poeta, en sus personajes y en sus virtudes o defectos, en su vida moral o inmoral, sino también en el hecho mismo de una creación, y acercan a los niños, a través del asombro y la maravilla de sus páginas, a la adoración y a la contemplación. 

Por lo tanto, debemos esforzarnos por recuperar en nuestras vidas personales y familiares ese sentido ausente de la maravilla. Y una buena forma de lograrlo es a través de los cuentos, haciendo así de la infancia de nuestros hijos un lugar casi sagrado desde el que puedan contemplar con asombro el mundo, tal cual si fuera un país de las hadas.  

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

junio, julio, agosto 2026