Por Pablo J. Ginés / Fotografía: Fray Fernando Ruiz, mercedario
“Declara, ¿dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Cuando alababan todas las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios?”, plantea Dios al hombre en Job 38,4. Este versículo ha inspirado la película El árbol de la vida, de Terrence Malick, la novela del católico Tim Powers, y tiene ecos en la creación del mundo de Narnia de C.S. Lewis y en el Ainulindalë de J. R. R. Tolkien. En el versículo, vemos que las estrellas van ligadas a la alabanza, y que el hombre, ante la grandeza de la creación, debe admitir con humildad su pequeñez y desconocimiento del poder de Dios. Pero, además, el autor del Libro de la Sabiduría insiste: “Partiendo de la grandeza y la belleza de lo creado, se puede reflexionar y llegar a conocer a su Creador”. Pero para eso hay que salir de nuestras ciudades y pasear bajo el cielo oscuro.
Enrique Solano, matemático, astrofísico y presidente de la Sociedad de Científicos Católicos en España, lo constata: “Contemplar la noche de cielo claro y estrellado, en mitad de la nada, a todos nos atrae. Tendremos sensaciones de asombro por su -inmensidad, de belleza por su estética y su orden, y curiosidad por saber más”.

Fray Fernando Ruiz, fraile mercedario del Monasterio de Santa María del Olivar (Estercuel, Teruel), que es monitor en la Fundación Starlight y guía en observaciones del cielo, valora incluso el cielo encapotado. “Salir con la familia, y más con niños, a disfrutar de la noche oscura y el cosmos, incluso con nubes y pocas estrellas, es fascinante y maravilloso. Es una experiencia atávica. Dejamos las pantallas y disfrutamos juntos de la noche, escuchamos los sonidos de la vida y trabajamos los sentidos”, dice. Y si además se ven muchas estrellas, mejor.
“En una época sin televisión, la noche de verano era el teatro en el que se compartían cuentos, leyendas y sabiduría popular. Cuando yo era niño y se iba la luz en la playa, mi madre, en la tumbona, miraba al cielo y recitaba el poema Santiago de García Lorca. Estees un recuerdo muy nítido de mi infancia”, comenta el astrofísico.
Cualquier familia española tiene antepasados pastores, campesinos o marineros que dedicaron muchas horas a contemplar las estrellas. “Eran la brújula con la que orientarse en tierra y en mar, y el calendario con el que marcar las estaciones”, explica Solano. Y rememora: “¿Dónde tienes guardada esa estrella? / la pregunta un chiquillo travieso. ¿Se ha apagado, dijéronle otros, / como cosa de un encantamiento? / No, hijos míos, la estrella relumbra, / que en el alma clavada la llevo”…
Estrellas con nombre
“Yo aprendí a mirar al cielo navegando a vela en el Mediterráneo, en regatas deportivas, en noches estrelladas”, explica Fray Fernando. “Veía a mi patrón de barco, Juan Pedro Jiménez, con el sextante calculando por la posición de los astros, ¡eso me fascinaba!”. El fraile, al igual que los campesinos de antaño, sabe que “cuando Vega, de la Lira, la tengo en vertical, es momento de buscar higos en nuestra zona de Teruel, hacia el 15 de agosto”.
El mercedario detalla que aunque los lobos aúllan a la luna, los animales no prestan atención a las estrellas, ni las miran ni les fascinan. Es algo muy humano, algo que suma el asombro, el interés científico, la aventura del espacio y las leyendas mitológicas.
Un signo del creador
¿Por qué Dios, en la Biblia, pone nombres a las estrellas? Fray Fernando señala que los griegos contaron historias de constelaciones, pero pusieron nombre a pocas estrellas. “Dios conoce a las estrellas por su nombre, porque tiene un conocimiento íntimo de ellas, porque las ha creado”, añade. Enrique Solano detalla que Dios, cuando pone nombres (a Abraham, a Pedro), también encarga misiones. “Adán pone nombre a los animales, pero tiene el mandato de Dios de cuidar de la creación. Es así como Dios nos cuida, de manera personal. También los astrofísicos ven cada estrella como algo singular e irrepetible”.
Para nuestros antepasados, el cielo era un gigantesco reloj y calendario, pero también un signo del Creador. Y lo sigue siendo. También para hombres de ciencia y fe. “Antonio Lestrillero, fraile franciscano, enseñó el camino a Colón. Copérnico era clérigo. Lemaître era un sacerdote belga que dedujo que el universo estaba en expansión”, enumera Fray Fernando a vuelapluma. Más aún, la ciencia del siglo xx y xxi, con la relatividad y la física cuántica, encaja con un Creador mucho mejor que la antigua física newtoniana. “Hoy se piensa en un Big Bang, con una singularidad, que requiere un inicio. Para evitar admitir un Creador, se ponen a hablar de multiversos, burbujas en el estado de vacío y teorías alternativas mucho más extrañas que admitir un Creador y Dios providente”, señala Fray Fernando.
Guiando excursiones bajo el cielo estrellado, impresionados por la pequeñez del hombre, a veces alguien hace preguntas sobre Dios al fraile. Entonces, él plantea una imagen: “Yo veo este universo como la parte de abajo de la huella digital de las manos del Creador, como sus huellas de alfarero en una vasija, pero vistas desde dentro o desde abajo de la vasija”.
¿Puede esta belleza distraer de Dios? “Muchos se dicen: ‘qué pequeña es mi vida, casi insignificante’… Se preguntan entonces por el valor de la vida y de la Creación. Ese asombro los lleva a las puertas de las grandes respuestas”, indica el mercedario.

Ideas para familias
Primero, lo más sencillo. Pasear en familia en la noche oscura, siempre lejos de la ciudad. En las noches de verano, buscar una zona elevada no iluminada y tumbarse a contemplar las Perseidas.
Participa en excursiones guiadas. Podéis participar en excursiones, por ejemplo, con guías de la Fundación Starlight (fundacionstarlight.org). Ofrecen visitas guiadas y observaciones nocturnas en observatorios como los del Teide y La Palma o Calar Alto, en Almería. Hay excursiones de muchos tipos: algunas más visuales, otras más narrativas, otras más ligadas al telescopio, otras con experimentos como hacer cohetes de agua… El avistamiento de estrellas se puede hacer “a simple vista, con prismáticos, usando apps como Stellarium o con un telescopio. Es una gozada”, explica Enrique Solano.
Evita comprar el telescopio infantil.“Es mejor empezar con prismáticos y mapas descargados de Internet, con alguna guía o programa. Skymaps.com es lo que usamos nosotros. Si un niño o joven se apasiona, buscar un telescopio de 80 milímetros o más”, comenta Fray Fernando.
Conoce las asociaciones de astronomía de Españay lo que ofrecen en la Federación de Asociaciones Astronómicas de España: federacionastronomica.es.
Sigue las webs de entidades fiables. Por ejemplo, la de ESA y la NASA, y sus redes sociales.
Participa en proyectos de ciencia ciudadana. Los más interesados en hacer ciencia, pueden participar desde casa en proyectos de ciencia ciudadana, incluso sin saber casi nada. El Observatorio Virtual Español, ligado al CSIC, propone identificar asteroides desde la web https://near.cab.inta-csic.es/main/
Artículo publicado en la edición número 76 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





