La revista más leída por las familias católicas de España

Soledad no deseada

Cada vez estamos más solos a pesar de estar siempre conectados

Una de cada cinco personas en España sufre soledad no deseada, según el barómetro de la soledad no deseada de 2024 de la Fundación ONCE. Esta situación se traduce en un sentimiento de soledad que no siempre tiene que ver con vivir solo, sino con carecer de conexiones sociales profundas y sólidas con las que compartir alegrías y penas.

Por Alicia Gómez-Monedero 

Sentirse solo en España ya no es cosa de la tercera edad donde, por desgracia, la soledad siempre ha estado de manera más patente. Varios estudios han alertado de un creciente sentimiento de soledad no buscada ni deseada desde edades tempranas debido a una serie de factores concretos de cada etapa vital que se traducen en consecuencias para toda la sociedad.

Los más pequeños: muy ocupados pero desamparados

Andrea Bonilla, psicoterapeuta infantojuvenil en el Centro de psicología y crecimiento personal de la UFV, asegura que el ritmo de vida que llevamos provoca situaciones de soledad en los niños porque los padres no tienen tiempo para estar con ellos. Los apuntan a actividades extraescolares y usan pantallas para mantenerlos “acompañados”, lo que en realidad acentúa su aislamiento. “La pantalla no acompaña, es una tirita que se pone para que no se sientan solos cuando en realidad sí lo están”, explica Bonilla.

Los vínculos familiares son los más importantes en la infancia cuando los niños necesitan una figura de referencia y apoyo, ya que “el primer núcleo de socialización es la familia”, cuenta la terapeuta. De no contar con este núcleo, se ve afectada su forma de relacionarse. Suelen desarrollar tendencia a la timidez, dificultad para establecer vínculos con sus iguales, juego en solitario, baja autoestima y poca tolerancia a la frustración. Esto se traduce, a largo plazo, en problemas para establecer relaciones sanas, comunicarse y en una dificultad para confiar en los demás, lo que los lleva a pensar que no necesitan de nadie para vivir.

Tener hermanos y familia extensa cerca puede paliar esta situación, explica Bonilla, siempre que haya buena relación, aunque a veces el contacto con abuelos o tíos se dificulta debido a las migraciones. En este punto la psicóloga señala que un factor de protección contra la soledad es “una figura de referencia que te haga saber que eres importante, valioso y que mereces ser amado, querido, atendido y mirado, independientemente de si es el abuelo, la abuela, el tío, el primo o incluso un profesor”.

“Los niños aislados suelen desarrollar baja autoestima y poca tolerancia a la frustración”

Adolescentes y jóvenes: hiperconectados, pero solos.

Es un dato que el 25,5 % de los jóvenes españoles de entre 16 y 29 años se sienten solos actualmente, según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada ‘SoledadES’, a pesar de que vivimos en una sociedad donde podemos contactar con cualquier parte del mundo a través de una pantalla en nuestra mano.
Tasio Pérez, psicólogo, terapeuta familiar y profesor en la Universidad Francisco de Vitoria, asegura que la soledad aparece cuando un adolescente no encuentra en su hogar un lugar emocionalmente seguro debido, de nuevo, a la ausencia de padres, que están muy ocupados, se han divorciado o a conflictos mal gestionados en el hogar, “lo que se traduce en que el adolescente o joven aparentemente pasa de todo y prefiere estar solo”.

Un segundo factor que favorece la soledad son las redes sociales, que provocan en nuestros adolescentes una sensación de estar conectados pero, en realidad, poco acompañados porque “fomentan una comparación constante donde se premia la imagen, pero no la autenticidad; los hace estar en constante conflicto con su cuerpo, y los vínculos que se establecen son rápidos, pero frágiles y sustituibles fácilmente”, asegura Pérez.

Explica que no se trata tanto de cortar de manera radical con las pantallas como de poner límites claros y animar a los jóvenes a realizar actividades fuera de casa, donde tengan que relacionarse, interactuar con otras familias y donde los adultos estén emocionalmente disponibles para ellos. “Debemos escucharles sin juicios, compartir tiempo y tener coherencia entre palabras y actos porque de nada sirve decir al joven que tiene que salir y relacionarse si el adulto no trata de hacer lo mismo”, explica Pérez.

“La soledad tiene que ver con un sentimiento de incomprensión donde se piensa que nadie sabe quién soy y esto en la adolescencia implica que yo tampoco sé quién soy y me siento invisible”, explica el psicólogo. Además, cuenta que uno se comprende a sí mismo en relación con el otro, ya que el niño, el adolescente o el joven se autorregula cuando tiene delante un adulto que les ayuda a ello.

“La soledad tiene que ver con un sentimiento de incomprensión donde se piensa que nadie sabe quién soy”

Adultos: relaciones poco profundas y sin compromiso.

Según el Instituto Nacional de Estadística, la cifra conjunta de solteros, divorciados y viudos superaba a la de casados en el año 2024. Y es que es un hecho que el miedo al compromiso genera más personas solas en edad de casarse porque “vivimos en la sociedad de la satisfacción inmediata, donde prima mi ego por encima de lo que quiera el otro. Por lo tanto, se crea un clima en el que es imposible establecer una relación profunda y comprometida, lo que lleva también al divorcio en el matrimonio”, explica Elena Arderius, psicóloga y directora de programas de Salud Mental de la Consulta de Psicología de la UFV.

La situación se agrava aún más si los vínculos con los que se llega a la edad adulta no son sólidos porque no se han construido bien desde la infancia. Si los adolescentes no crean relaciones sanas, los jóvenes cada vez se aíslan más y los adultos no son capaces de comprometerse, inevitablemente llegaremos a una tercera edad viviendo y sintiéndonos solos.

Cómo revertir la tendencia.

Los profesionales están de acuerdo en que para evitar que este sentimiento de soledad vaya a más es fundamental levantar la mirada del teléfono móvil; pasar tiempo en familia mirándonos a los ojos; realizar planes sencillos como jugar a juegos de mesa; preocuparnos por aquel hijo, amigo o compañero que habla menos; y estar disponibles para escuchar siempre sin juzgar, tenga la edad que tenga nuestro interlocutor.

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

junio, julio, agosto 2026