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Pilar Gordillo: “El arte cristiano es el storytelling de la fe”

Contemplar una obra de arte con Pilar Gordillo es redescubrir la belleza como ese camino privilegiado para llegar a Dios. Historiadora del arte, gestora cultural, comisaria de exposiciones, guía y formadora de guías turísticos, además de empresaria, esposa y madre de diez hijos, en esta entrevista explica por qué es urgente acompañar a los nuevos artistas del arte sacro y formar guías que sepan acercar la fe al hombre de hoy.

Por Alicia Gómez-Monedero

¿Puede hoy el arte sacro cooperar para mantener viva la fe?

¡Por supuesto! El problema es que en los últimos años hemos tendido a museizar nuestras catedrales. Nuestras iglesias parecen hoy museos fríos y muertos. Necesitamos redescubrir que el arte en una catedral está vivo, y hay que explicarlo de la mano de la liturgia y de la vida de la Iglesia, porque si no, hacemos un flaco favor al visitante. Para ello, hay que formar bien a los guías turísticos, un caballo de batalla al que hasta hace poco no habíamos prestado suficiente atención.

¿Un guía turístico debe tener fe?

No necesariamente, pero sí debe tener conocimientos profundos del sentido del arte cristiano. De hecho, con la Universidad Francisco de Vitoria hemos diseñado un curso para guías de turismo expertos en patrimonio eclesiástico: los formamos en liturgia, en iconografía, en teología y en el sentido del templo cristiano, porque el arte cristiano es el storytelling de la fe. Les ayudamos a contar la historia de una catedral que no es otra que la historia de la salvación. Si no sabes esto, sólo hablas de piedras frías, de fechas o de una losa que se hace insoportable para el visitante.

Pilar Gordillo es delegada de fe y cultura de la archidiócesis de Toledo y creadora de Evocarte
¿Qué diferencia hay entre contar la historia y quedarse en los datos?

La diferencia es que cuando explicas bien el arte cristiano consigues hacer un bien al que te escucha porque le transmites el sentido profundo de esa obra. El que lo recibe experimenta una sacudida. Su alma dormida de repente se nutre de un eco de trascendencia, aunque él mismo no lo sepa. Las personas que vienen a mis visitas salen con alegría interior, como si el corazón se les hubiera esponjado. Esto es lo que en la Iglesia siempre hemos conocido como la via pulchritudinis, es decir, acercar al hombre a Dios a través de la belleza, en este caso, del arte.

¿Por qué a veces se piensa que el arte sacro está bien, pero para otra época?

Es un error porque hay artistas contemporáneos muy buenos, y de hecho tenemos que alentar a que haya más. La Iglesia tiene que volver a estar cerca de los artistas y apoyar al arte sacro actual. Si no, ¿qué va a dejar el arte cristiano del siglo xxi? Admiramos la Sagrada Familia de Gaudí, que en realidad es del siglo pasado. ¿Cuántos Gaudís vamos a fomentar y acompañar en este siglo? En los últimos tiempos parece que hemos descuidado por completo la escultura y la pintura y, sin embargo, una imagen puede cambiar a toda una generación.

¿Cómo la cambia?

Necesitamos identificarnos con las imágenes que vemos porque las imágenes mantienen la fe del pueblo. Por ejemplo, un Sagrado Corazón de Javier Viver es bellísimo y el del escultor Javier Martínez es una escultura varonil, con fuerza, que refleja la capacidad de enfrentar los peligros a los que se someten los jóvenes de hoy.

La Iglesia tiene que estar cerca de los nuevos artistas; si no ¿qué va a dejar el arte cristiano del siglo xxi?

¿El arte sacro va dirigido a los creyentes?

Los últimos papas han hablado de ir al “atrio de los gentiles”, refiriéndose a encontrar lugares de encuentro con los no creyentes. El arte sacro es uno de esos caminos: instantáneo, eficaz y directo para llegar a Cristo. Pero el arte sacro también lo necesitamos los creyentes porque la fe hay que avivarla. A todos nos hace falta convertirnos a diario porque la vida nos erosiona, nos seca y nuestro pecado sale. Además, la belleza del arte es un bálsamo que cura las heridas, que nos devuelve la esperanza y la verdad de que Dios está vivo, nos está hablando, nos quiere y quiere darnos lo mejor.

La obra favorita de Pilar Gordillo es El entierro del señor de Orgaz, de El Greco. En su rica iconografía, el cuadro representa los novísimos: el alma del caballero, salvada por sus obras de caridad, es elevada por un ángel hacia la Virgen, mientras Cristo dicta sentencia y extiende su brazo hacia san Pedro, que aguarda para abrirle las puertas del Cielo
¿Cómo transmite esto el arte?

Cuando llegas malherido a una exposición, sueles estar más receptivo y por eso escuchas más atentamente. Dejas que ese contenido vaya entrando suavemente, con rigor, apoyado en la verdad de lo que estás viendo. Sobre esa verdad se construye un edificio de belleza exterior e interior: te cuento quién encargó esa composición, cuál era el motor de su vida, qué estaba expresando. Todas estas cosas te llevan a pensar: “Yo no soy tan distinto, tengo las mismas limitaciones, la misma sed de infinito, las cosas de este mundo no me sacian y esto que me están contando es agua viva”.

Entonces, ¿es necesario parar y contemplar?

Enseñar a las nuevas generaciones a contemplar es uno de los grandes desafíos de nuestra generación. Como madre puedo decirte que a través de los viajes, de las conversaciones, de las visitas en familia a museos puedes animar a los niños a escrutar con la mirada, a detenerse en los detalles. La buena noticia es que es contagioso y cuando lo pruebas necesitas seguir tú mismo, ya no porque te lo digan. Empiezas a acariciar con la mirada lo que ves y en tu interior comienzan los ecos que te llevan a momentos concretos de tu vida.

Supongo que habrá muchas, ¿pero me puede decir qué obra de arte le ha marcado especialmente?

Sin duda, El entierro del señor de Orgaz de El Greco. Es mi escenario natural, donde transmito la fe a todos los que visitan Toledo. Es la mejor catequesis de escatología cristiana, dicho esto por Joseph Ratzinger en julio de 1993 en su visita a Toledo. El Greco es un pintor profundamente creyente, que estuvo acompañado por los teólogos de su tiempo, amantes de san José. Esto provocó una revolución en la imagen del santo patriarca, lo rejuveneció y lo presentó como un hombre valiente, custodio de los dos grandes tesoros del Padre: María y el Niño. Gracias a él se crea en Toledo la primera imagen de la historia del arte de un san José joven. Por eso, mi misión es que todos mis conocimientos de historia del arte, como guía turístico y gestora cultural, estén al servicio de la Iglesia para poder llevar la fe al hombre de hoy.

Acompañar al artista.
Pilar Gordillo defiende la importancia de acompañar de cerca a los artistas que se acercan al arte sacro. No se trata de imponer una técnica o un estilo, sino de ayudar a cada creador a encontrar la mejor manera de expresarse y transmitir la verdad de la fe. “Hay artistas creyentes que necesitan acompañamiento para sus creaciones y otros que, sin ser creyentes, se atreven a adentrarse en la temática religiosa que les resulta fascinante porque va más allá de lo humano. Es un desafío y algunos quieren que les acompañemos”. Como ejemplo cita a Antonio López, quien se declara no creyente, pero “se acerca descalzo a este misterio, como Moisés a la zarza ardiente”, con un profundo respeto por lo sagrado. Gordillo recuerda que, históricamente, el artista nunca trabajó solo: “Siempre tuvo un teólogo, un sacerdote, un canónigo, un párroco o un laico profundamente creyente que lo asesoró en su creación”.

Artículo publicado en la edición número 81 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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